Qué mundo tan lejano y a la par estimulante. Nuestra tarea es imprimir en nuestra alma esta tierra provisional y perecedera de modo tan doloroso y apasionado que su esencia vuelva a surgir en nosotros ‘invisible’. Nosotros somos las abejas de lo invisible. Libamos incesantemente la miel de lo visible, para acumularlo en la gran colmena de oro de lo Invisible.
Es en el sur del mundo donde se encarnará –si no se ha encarnado ya– el Espíritu Azul de la Raza Polar de los iniciados de Venus-Lucifer. Y desde aquí se partirá a recuperar todo lo aparentemente perdido, a salvar lo que aún se pueda, antes de la catástrofe que pondrá fin al oscuro período del Kaliyuga, o Edad del Hierro.